No sabría ubicar cronológicamente este evento de vida, pero sé que fue bastante precoz, cerca de los doce años o antes. Tarde de aguaceros- aguacero es una forma de nombrar a las lluvias torrenciales en Venezuela, casi siento mis labios ahogados por las grandes gotas… Eran mis vacaciones de verano, solía pasarlas en casa de mis abuelos, en una zona rural del pueblo. Desde la ventana de mi habitación se podían ver los pequeños ríos que se formaban en las aceras, les dibujaba en el cristal con mis dedos. Doña Cleo leía: “Ahora reinan la insolencia y el ultraje, es tiempo de perturbación y de furor desencadenado. Por lo tanto, hijos míos, ardan de celo por la Ley,dando la vida por la Alianza de nuestros padres”… de una desgastada biblia en su hamaca, tumbada entre bostezos a punto de dormirse; allí afuera, sólo el ruido de millones de gotas.
Mi cuerpo, respondiendo a su naturaleza húmeda, pedía a gritos ser mojado, sólo esperaba quieta al primer ronquido de la lectora; mientras, me cambié el vestido de tirantes por un short ajustado y una camiseta vieja de algodón - ya estaba en edad de usar sujetadores, pero realmente nunca me gustaron- En el momento esperado, fui de puntillas descalza a la calle. Me sentía dueña del mundo bajo aquella lluvia, corría con la boca abierta, tragaba gotas dulces, ricas. Arreciaba el temporal. Y entre charcos me alejaba de casa, la calle permanecía desierta, jugaba con los chorros que salían de los tejados, me tumbaba en medio del asfalto. Entré por un callejón andando para coger un poco de aliento y me metí en las ruinas de una casa abandonada. Allí dentro danzaba como una loca y acariciaba las paredes; en una de las habitaciones se había formado una pequeña laguna artificial, me hundí en ella, cerré mis ojos, las gotas quemaban mí rostro.
Perdí la noción del tiempo acostada allí cuando, confundida y un tanto adormecida, sentí la presencia de alguien mirándome de pies a cabeza. Un escalofrío nervioso recorrió mí cuerpo al verle. Me incorporé con prisas, buscando en el rostro de aquel muchacho alguna expresión, sus labios estaban arrugados por la humedad. Mi primer impulso fue echar a correr, pero me sostuvo con fuerza la muñeca e intenté gritar lo más fuerte posible -sabiendo que nadie me oiría- . Él tendría unos 22 años, más o menos, aún recuerdo su rostro. Me sacudió con violencia hasta apretarme contra la pared, tapó mis labios con su boca, intentaba besarme, pero yo me resistía. Con sus manos sujetaba mis brazos, presionaba mi vientre con su rodilla, seguía intentando besarme, yo estaba confundida, sentía miedo y un cosquilleo extraño desde mis pezones hasta la entrepierna. Mis piernas temblaban, ya casi no podía mantenerme en pie, me dejé llevar por aquel beso obligado, empezaba a gustarme mucho su lengua acariciando la mía; el aflojaba sus manos, soltando mis brazos, una de sus manos tocaba con suavidad la punta de mis pechos - Estos se endurecían al tacto deseando que no se detuvieran sus caricias- con la otra me sujetaba el cuello sin dejar de besarme, yo sentía calenturas en la frente, seguía lloviendo con intensidad, sentía una presión en mí vientre, casi no podía respirar, era asfixiante, no quería que aquello pasara, pero me gustaba…
Bajó despacio su mano, agarró la mía, la condujo hasta mi ombligo, dejándola caer lentamente entre el short y la piel, hasta llegar al pubis jugueteaba con mis vellos, entrelazó sus dedos con los mios, bajando un poco más, haciendo presión dentro de mis labios vaginales - Pude sentirme tan empapada por mis propios jugos, que nuestros dedos resbalaban allí dentro- Yo nunca había tocado esta parte de mí, pero parecía que estallaría; tenía un bultito vibrando en la vagina, él me hacía frotarlo con más firmeza, me quemaba un ardor exquisito, él sólo conducía mis dedos haciendo tanta presión que pensé que me rompería. Mi pecho se aceleraba, sentía que me desmayaría en cualquier momento, soltó un poco mis labios, me miró a los ojos y apretó mis dedos con más ganas, hasta hacerme escapar un grito ahogado de placer involuntario…
Luego se separó de mi cuerpo y se fue sin decir nada, no tuve tiempo de recuperarme de aquel mareo cuando ya se había marchado.
Continuará.

Tengo que aclarar que por mucho que intento evitarlo, me gusta fanfarronear un poco. Aún así, esta historia no es de las que me he sentido más orgulloso.
Me encantaria meterme por minutos, en los pensamientos de un principe de esos que va por allí rompiendo corazones…
Cada día tengo sueños más descabellados, diossss… Ayer durante la noche, soñé con Michael Jackson 

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